jueves, 15 de noviembre de 2007

Bienvenido

Sólo podía mirar al gato. No me atrevía a levantar la vista. Sentía un cúmulo de sensaciones dentro de mí, pero ninguna llevaba al arrepentimiento o a la culpa. Al contrario. Todas radicaban en un profundo odio y una irritación soberbia porque alguien había osado interrumpir mi ritual. Poco a poco levanté la mirada. Y allí estaba ella. Sólo con su mirada, y habiendo oído dos frases suyas, sabía ante el tipo de persona que estaba en ese momento.

- ¿Y qué? - Dijo secamente - ¿Piensas decir algo?


Silencio. En realidad no sabía qué decir. Supuse que quería oír algún "lo siento" y eso es lo último que me habria salido en ese momento.

- Ya veo que no quieres hablar. - Adoptó una posición holgada, y se frotó la barbilla con los dedos - Creo que vas a tener que acompañarme.

- ¿Acompañarle? - Dije inmediatamente abandonando mi postura silenciosa - ¡Ni hablar!

La mujer cambió la expresión. Su rostro, totalmente serio, expresaba muchísimo más que el de su difunto gato. Sus arrugas parecían pelearse entre ellas para contarme todas las vivencias que habían visto, que no parecían haber sido pocas. Su boca de labios finos, sus ojos color miel, casi amarillentos... todo parecía tener boca y unas ganas de hablar inmensas. No sabría haber dicho cuánta edad tenía, pero su pelo canoso sin teñir le hacía parecer más vieja y lúgubre de lo que ya lo era. Su mirada casi dañaba, totalmente segura de sí misma, parecía que el que hubiese matado a su gato apenas le importaba. Desde que había llegado casi ni lo había mirado. Y entonces fue cuando comencé a sentirme inseguro y desprotegido.

- No te lo estoy pidiendo, jovencito. - Exhortó.

No sabría explicar bien porqué, pero algo dentro de mí me impulsó a levantarme y a seguir a aquella mujer. Me había olvidado completamente del gato. Poco a poco el dolor de mi brazo iba reapareciendo, y entonces sentí el escozor producido por el sudor del nerviosismo, que penetraba poco a poco en los numerosos arañazos de mi brazo izquierdo.

Ella era alta, su vestido negro envuelto en trapos no me llamó especialmente la atención, pero era porque algo de esa señora me embriagaba el alma y captaba todas mis miradas. Su manera de andar, su manera de mirarme, de guiarme, no podía menos que enamorarme. Pronto ocupó el puesto de líder y aceleró el paso, dejándome visible sólo su espalda. Daba por hecho que la seguía porque no miró hacia atrás en ningún momento.

- Mi hogar está a la vuelta de esa esquina. - Dijo rompiendo el silencio justo cuando el atardecer ya se despedía - Allí esperaré la explicación sobre la muerte de Waldo.

La inseguridad se estaba manifestando en constantes sudores fríos y un tembleque casi inaguantable. No pensaba ni en mi padre ni en mi madre, seguramente seguirían discutiendo en casa, y tampoco me echarían de menos. Su casa, a pie de calle en un callejón, inspiraba un secretismo estremecedor. No conocía aquella calle. Ni siquiera conocía aquel barrio. Comencé a pensar que quizá la señora quería matarme como venganza. Aún así, estaba dispuesto a entrar en su casa, no tenía apenas nada que perder, y sentí que tenía muchísimo que ganar.

Abrió la puerta, con sumo cuidado. Sonó un chirrido que hizo eco en el callejón. Una luz tenue y un dulce olor salían de aquella casa. La mujer se dio la vuelta y me miró. Creí ver una sonrisa en su cara, pero no era así. Con el tiempo me daría cuenta de que ella nunca sonreía.

- Bienvenido a la dulce y acogedora casa de Melissa Bornhart.

3 comentarios:

Frank Segovia dijo...

Inquietante.
Seguirás sin saber quién soy después de esto, pero tampoco podría explicártelo mejor. De hecho, para ti, no soy más que esto. Una vez, hace tiempo, te comenté lo siguiente en el flog, tal vez lo recuerdes:
"¿Que más da? said on 12/06/07 12:49 …

Oh... /smallbaby...
¿Cómo puedes decir que la niña es tonta? Te has parado a pensar en ella..? realmente esas cosas le importan, es su mundo... vive en su mundo y tiene derecho... Pero ahí estamos los demás, gente como tú y como yo recordándole que es una inmadura día a día... que abandone sus sueños, sus ilusiones... que sea normal... Y la relegaremos de nuevo a nuestro mundo sin sueños, sin ilusiones; olvidará los gestos los sentimientos y sólo buscará desahogo en el sexo... sexo frío... sexo entre androides...
No es tonta, no; simplemente sabe construir la realidad a su medida, pero la destrozan cada día... Creo que este fragmento es una de las cosas más bonitas que he leido en mi vida :)"

Por cierto, no hace mucho, leí el libro. Es genial.
Un saludo, maestro, cúidese!

Leonardo dijo...

Inquietante, como tú dices. Y sí, sí lo recuerdo. Me alegra que te lo leyeses, me parece un libro genial :).

Algún día espero que permitas que algún medio digital nos presente.

Un saludo.

kme dijo...

se te da bien escribir, me gusta quiero ya lo proximo