martes, 27 de noviembre de 2007

El más especial de todos

- Mi padre está muerto. En vida dicen que fue una persona grandiosa, aunque jamás yo lo vi así. Ahora que ha pasado bastante tiempo, puedo decirte sin ningún tipo de pudor que pegaba a mi madre, y alguna vez que otra, a mí también. - Mi voz susurraba lenta, profundamente. Psycho, al otro lado de la sala, me escuchaba expectante - Pero aquello no duraría demasiado. Con el tiempo conseguí imponerle mi pequeño espacio de autoridad y dejó de pegarme. Todo el mundo siempre le ponía por las nubes, le admiraban, quizá le envidiaban, pero yo sabía que todo aquello era pura apariencia. Mi padre siempre supo cómo rodearse de gente de su misma condición. Hipócritas. - Bufé - Y eso quizá le condenó de por vida. Él nunca amó a mi madre, y creo que mi madre tampoco a él. Ciertamente, yo jamás amé a mi padre. Era una persona sucia, ruín, despreciable y poco elegante en su vida interior. Mantuvo en todo momento un desorden personal de un carácter totalmente inaudito, al que ni siquiera su muerte pudo dar fin.
- ¿Lo echas de menos?
- Sinceramente, no. - Le respondí - Siento lástima por mi madre, porque él murió poco después de que me diagnosticaran la úlcera. En menos de tres meses habrá perdido a los dos únicos hombres del hogar.
- Háblame de su muerte.
- Apenas sé sobre eso - Mentí - Mi madre sólo me dijó que sufrió mucho. No quise saber más.
- Al menos, por lo que dices de él, ¿piensas que lo merecía? ¿Que merecía sufrir en su lecho de muerte? - Preguntó. Realmente le interesaba el tema.

Me detuve unos momentos a meditarlo. Eso, en apariencia. En realidad lo que estaba haciendo era recordándolo.

- No - Contesté - No lo merecía.

Debió haber sufrido más, pensé.

- ¿Cuál era el nombre de tu padre, Leonardo?
- Darío.
- ¿Conoces algo de tus antecedentes italianos? Tu apellido, obviamente, es castizo italiano.
- No, apenas sé sobre eso. - Contesté sinceramente - Y mi padre jamás ha querido explicarme nada. Sólo sé que él vino de un humilde pueblo de los alrededores de la ciudad. Y mis abuelos y bisabuelos no son italianos.

Hice una pausa.

- Realmente no pienso que mi pasado sea importante. Es decir, quiénes fueran mis abuelos, mis bisabuelos, o de dónde proceda mi familia... eso más bien me es indiferente. Seguramente yo estoy aquí para marcar un punto de inflexión en mi familia, no conozco a nadie tan valiente y emprendedor como yo en ningún rincón de mi árbol genealógico. No creo que mis orígenes (si es que los hay) italianos sean de trascendencia. No es tan importante de dónde venimos, como a dónde tenemos pensado ir.

Crucé las piernas y me froté la barbilla.

- ¿Qué estudias?
- Soy licenciado en Filosofía y Letras.
- ¿Por qué esa carrera?
- Porque no llama mucho la atención.
- Así, eres buen estudiante.
- Mi carrera de 5 años la terminé en 3.
- Demasiado intenso, ¿no crees?
- El tiempo apremia - Sonreí.

Psycho tomó una postura mucho más relajada. Parecía haber entrado en calor y, sobretodo, en confianza.

- Explícame las razones por las que, según tu punto de vista, tu madre cree que deberías estar aquí.

Medité.

- Bien, es sencillo. Estoy aquí, sinceramente, porque yo también pienso que debo estar aquí. El mundo se me ha venido abajo porque he cometo el error de basar mi vida en una única cosa. Aquello me ha sido arrebatado y ahora, ¿qué me queda? Nada. Sólo el vacío, sólo la inconmensurable nada. Me siento traicionado, ultrajado y despojado de lo único que tenía en mi interior. Una estupidez que jamás habría podido prever va a acabar con mi vida sin que ni siquiera yo tenga voz ni voto para poder hacer nada. No creo en la justicia, pero si de verdad existiera esa zorra invisible, ésto no sería justo. Hay cosas que tengo que hacer antes de morir y no podré... ¿Qué significado puede tener eso?
- Deberías cambiar el prisma con el que estás mirando todo esto. Deja de plantearte cuál es tu cometido, qué debes hacer... Deja de plantear la vida como si de una obligación se tratase. Nacer es una obligación, vivir es opcional. Y tú estás optando por reducir los últimos meses de tu vida a un constante martirio buscándole un significado. Y la vida, en sí, no lo tiene. Su significado se va haciendo.

En realidad puede que tuviera razón, pero a mí me pareció igual que los consejos del resto de los mortales y que eran exactamente la línea que nos separaban a ellos y a mí. Seguía, pues, estando por encima de ellos.

-Mi padre era una muy mala persona. No diré que merecía morir - aunque lo mereciera por causas ajenas a él - pero creo que nos ha hecho un favor a todos nosotros largándose de este mundo. Podemos decir que él era un estorbo en la vida y la continuidad del espacio tiempo para que este ganara en justicia. Pero como él hay muchísimos más. Gente, que por razones superiores a la comprensión humana, merecen destinos distintos que los demás. Esto es, vidas distintas, muertes distintas, al mismo nivel que sus propias personas.
- Pero hablar de personas distintas puede ser demasiado subjetivo, no hay una ciencia exacta que las defina.
- Oh, sí. No son exactamente personas distintas, sino superiores, con dones especiales, en su mirada. Y existen maneras muy eficientes de identificarlos.
- Entiendo.
- Digamos, doctor, que mi tesis personal, en la que he basado mi vida, era ésta, identificar a esas personas especiales.
- Define especiales. - Exigió.
- Con una personalidad abrumadora, con alguna cualidad que destaque por encima de los demás. Seguro que alguna vez ha conocido a alguien así - Mentí.

Realmente no podía decirle que buscaba a esas personas para conseguir un bien mayor. Que, exactamente, no se trataba de "cualidades" ni de "personalidades", sino que eran personas con dones especiales, como el mío. Aunque siempre tendré que decir, como me hizo saber Melissa, que mi don era el más poderoso de todos los (pocos) que había en el mundo.

- Sería algo así como personas con un don, ¿no? - Me preguntó.

Le miré extrañado y sentí cierto miedo al pensar que Psycho podría saberlo todo. Pero realmente era imposible.

Melissa siempre me había pedido discreción, y aunque estuviera muriéndome jamás podría contarle a nadie lo que sucedía en mi vida. Y a Psycho ya le había dado suficientes datos. Quizá demasiados, y estaba arriesgando más de lo que me podía permitir. Aquella tarde volví a casa bastante arrepentido preguntándome porqué le habia dicho tantas cosas a Psycho, me sentí como el resto de la humanidad: débil, con miedos y, lo peor de todo, errando.

- En las próximas sesiones volveremos a hablar de tu padre - Me dijo antes de irme.

Psycho no era alguien normal, y yo lo sabía. Por algún momento me planteé que él pudiera ser uno de los que Melissa había apuntado en la caja de su casa años atrás, pero era altamente improbable. Durante mis últimas sesiones había intentado identificar a Psycho como tal, pero no había dado ninguna seña de poder ser uno de ellos. De momento él no me preocupaba. Me planteé a mí mismo que, si algún día me sobraba tiempo, investigaría a Psycho a ver de qué caso se trataba. Mi instinto me decía que Psycho podría ser una persona a caballo entre las personas ufanas de a diario, y los pocos especímenes especiales de Melissa.

Fui demasiado inocente y poco precavido pensando que mi instinto estaba en lo correcto desde un principio.